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Uchiha_Itachi
Muchisimo mejor que el mio. Se te da mejor que a mi la narrativa. Un millon de gracias por tu historia. Otro poeta guerrero.
Gracias tambien a Kumasan y Iwasaki Mineko
es un poco moñas, y un poco cacafuti, pero lo escribí de pequeñaja, cuando me compraron mi primer ordenador, así que tiene cierta disculpa... lo escribí en esa época de innovación tecnológica en mi casa, al ver lo que supuso en mi padre la existencia de los ordenadores. aunque sea un cuento de un niña, espero que no os aburra mucho, me costó un montón rescatar los mil cuentos que escribí en esa época, o mejor dicho fragmentos de historias de rol, porque los antiguos programas ya no los reconocen los ordenadores de ahora... bueno, quizá es muy largo, pero ahí va:
CUANDO MURIÓ LA IMAGINACIÓN
El muchacho acababa de regresar de la escuela. Su madre, sentada en el salón, leía un libro, y apenas prestó atención a la ruidosa entrada de su hijo en casa. Sabía de memoria el ritual que suponía, desde hacía unas semanas, sus llegadas después del colegio. Sin levantar la vista del libro, repasó los significados de los sonidos que llegaban hasta ella: el porrazo en el suelo, sería la mochila de Víctor al caer pesadamente. Los dos golpes sordos que siguieron, probablemente serían las desgastadas zapatillas deportivas, que pedían a gritos la jubilación, al chocar con el fondo del armario. Y el “bip” que llegó un poco más tarde, el ordenador al encenderse. Enseguida el mundo real pasó a convertirse, para el crío sentado frente a la pantalla, en un engendro electrónico, un mundo de colores y ruidos artificiales. La mujer, entristecida e impotente, volvió a su lectura.
El nuevo juego era sensacional. Tenía pantallas para aburrir a un mono, como diría su padre, y unos gráficos espectaculares. Los colores eran increíbles, y los movimientos no digamos. Se podía elegir al personaje con el que se quería jugar entre seis diferentes: el guerrero samurai, la amazona, el caballero, el guerrero enano, la sacerdotisa y el hechicero. Cada uno con sus armas y sus puntos débiles, implicaban distintas posibilidades a la hora de enfrentarse a la historia. Y también podían jugar dos personas. Era la mejor aventura gráfica que había en el mercado, y desde la tarde de su cumpleaños, ocupaba el tiempo de las tardes de primavera de Víctor. Ese día, el caballero Eder había llegado por fin al castillo de Aarón, el Señor de la Ciudad Roja. Con ambas manos aporreando el teclado, fijos los ojos verdes en la pantalla multicolor, Víctor jugaba y jugaba, sin escuchar que era la hora de comer. Sólo había en su cabeza, castillos, joyas robadas que había que recuperar, dioses enojados que clamaban venganza, y magia desatada. En el instante en que el padre de Víctor, un hombre joven de cabello castaño y sonrisa pronta, entró en la habitación, el caballero Eder tenía una conversación con el Señor Rojo en el salón del trono del castillo.
--Niño, tu madre lleva un siglo llamándote para que salgas. La comida está en la mesa. –La voz cristalina del hombre apenas llegó a oídos de su hijo, que hizo un vago gesto con la cabeza. El padre del chiquillo, Alberto, echó un vistazo a la pantalla antes de dar media vuelta y entrar en la cocina.
--Ahora viene. Debe tener un problema con el juego, porque no se ve otra cosa que rayas y números sin sentido sobre la pantalla. Lo estará arreglando.
La madre, de cabellos cortos extremadamente rubios, ojos azules y rostro más severo que Alberto, asintió en silencio. Ojalá el ordenador se destripara de verdad.
A los veinte minutos, Víctor salió sonriente del cuarto. Caminaba despacio y tenía los ojos un poco enrojecidos, pero no daba muestras de estar cansado. Se sentó en la mesa, miró a sus padres, que lo contemplaban en silencio, y se puso a comer. La sopa, ya helada, parecía que era absorbida por ósmosis, y la carne, también fría, la tragó sin apenas masticar. Alberto y Sandra, absolutamente perplejos, no supieron reaccionar. Su hijo se levantó, se acercó al sofá y se tendió. En unos segundos estaba dormido. El libro que había estado leyendo su madre descansaba junto al niño. En sueños, el muchacho lo empujó y lo dejó caer al suelo.
Cuando la joven pareja regresó de su paseo, Víctor aún dormía. El ruido de la puerta de la entrada, al cerrarse, desveló al pequeño, que se incorporó justo cuando su madre asomaba la cabeza. El niño tenía los ojos inyectados en sangre, el cabello revuelto, y le temblaban las manos. Apenas sí hizo caso de sus padres, se tumbó boca abajo, y resopló. Sandra pensó que, tal vez, había tenido una pesadilla.
--No duermas más, enano, que luego a la noche estarás en pie de guerra hasta la madrugada.
El niño no con-*test*-('")ó. En cambio, de un salto se levantó y corrió a su habitación. Ni siquiera se molestó en cerrar la puerta.
--¡El paladín de Y’s! ¡La piedra del Unicornio! ¡El Señor del castillo sabe dónde está!
Alberto y Sandra se miraron sorprendidos. ¿De qué diablos hablaba su hijo? Era sólo un juego, un simple juego que, una vez acabado, pierde su misterio. Dura unas semanas, se aprende, y se almacena en el cajón de los juegos que pasaron de ser magníficos a aburridos en unas cuantas tardes. Los cuentos que antes llenaban las estanterías de Víctor habían sido sustituidos por CD-Rom, disckettes y folletos de instrucciones. Tendrían que pensar en cómo arrancar a su hijo de las garras del ordenador.
Era una noche calurosa. Alberto se levantó y abrió la ventana. El fresco viento nocturno refrescó la habitación. Cuando, tambaleante, se acercó de nuevo a la cama para tratar de conciliar de nuevo el sueño, escuchó un ruido.
Era como un continuo desgarro, un desagradable ruido rasposo y crujiente. Provenía del dormitorio de Victor. No sabía aún porqué, pero un escalofrío recorrió la espalda del hombre. Abrió la puerta de su propio dormitorio, y una luz artificial bañó sus pies descalzos. El ruido era realmente crispante, ponía la carne de gallina y molestaba al oído. Era como el sonido que hace un televisor cuando se estropea.
Atravesó el pasillo envuelto en ese halo de luz blanquecina y vio que la puerta del cuarto de Víctor estaba abierta. Por la rendija Alberto pudo ver la pantalla del ordenador, encendida, que mostraba una sucesión de rayas y puntos completamente indistinguibles. Ni una sola imagen estaba impresa en el monitor, sólo líneas absurdas que se entrelazaban y vibraban produciendo el ruido de una tormenta eléctrica. Alberto se estremeció. Su hijo estaba de espaldas, completamente absorto en lo suyo, con los ojos apenas a diez centímetros de la pantalla. De repente, se giró y miró hacia la puerta. Alberto apenas pudo reprimir un gemido al ver la máscara espectral que era el rostro de Víctor, porque ya no parecía aquel niño de amplia sonrisa, de esas que hacen justicia a la frase “de oreja a oreja”, y ojos vivaces. Tenía los ojos rojizos, los labios agrietados y las mejillas hundidas. Su mirada vidriosa topó con la madera de la puerta y no dio muestras de haber visto a su padre. Alzó una mano pálida y la aplicó a la pantalla. Volvió a mirar el pequeño monitor y pareció sumirse en un trance.
Habían transcurrido dos meses desde la terrible visión del fantasma de su hijo siendo dominado por un juego de ordenador. Víctor había permanecido en una especie de shock durante un largo período de tiempo, y había tenido que ser alejado de televisores, vídeos y ordenadores. Su mente había permanecido bloqueada durante todo ese tiempo, y sus padres comenzaban a desesperarse. Por la pequeña ventana de la puerta observaban a su hijo, encerrado en su nueva habitación. Era una especie de hospital, y allí tratarían de que el niño volviera a utilizar su propia imaginación, volviera a soñar, a construir cosas con sus manos, a leer y a dibujar. En ese momento, Víctor estaba sentado con las manos cruzadas sobre el regazo; así le habían encontrado varias horas antes, y así seguía cuando acababa ya el horario de visitas. Sandra observó que el cuarto tenía muchas plantas, una pecera, una pequeña estantería con libros...Todo permanecía intacto.
Cuando el enfermero tocó el hombro de Alberto, éste dio media vuelta y se dispuso a marcharse. Los rostros de los padres del chico estaban cansados, y se leía en ellos la desesperación. No volverían hasta pasada una semana. Sandra y su marido regresaban a casa en silencio, con la cabeza literalmente encajada entre los hombros.
En su habitación, Víctor escuchó los trinos de un pájaro en su ventana. Parpadeando, alzó la verde mirada. Se levantó de su silla y se acercó, caminando sobre unas delgadísimas piernas pálidas, a la estantería. Cuando se sentó de nuevo, un libro grueso escrito con párrafos rojos y párrafos verdes, con un dibujo de dos serpientes enredadas mordiéndose mutuamente la cola, grabado en la tapa, descansaba sobre sus rodillas. Víctor abrió el cuento, y comenzó a leer.
Y en pocos minutos la vida comenzó a iluminar, tímidamente, de nuevo, sus ojos.
bueno, la verdad es que cuando digo \"niña\" quizá es exagerado... :oops: me parece que tenía unos 13 o 14 años, ya no era tan pequeña... pero sí que quería que fuese un cuento sencillo, porque pensaba guardarlo para contárselo a mis niños si algún día los tengo. me impresíonó mucho cómo mi padre, amante de los libros, los dejaba de lado para colgarse del ordenador todo el día... y eso que no existía inernet!!!
¿se nota que mi libro favorito ya era \"la historia interminable? :lol:
se nota, jajaja. Una escritora mas en el foro. Yo no soy de narrativa, soy mas de poesia. No puedo escribir historias largas, en cambio las rimas y las metaforas se me dan bien.
Un saludo :D
Bueno yo escribí un fanfic de Harry Potter xDu no se si cuente.
Es cortito y se centra en uno de los personajes... ni harry, ni ron ni ningun principal xD
Por Fin Una Luz
De nuevo otro día más….
Es demasiado temprano para levantarme, voy a dormir un poco más….
*toctoc*
Eh?... pero que?... Papá?
Pobre de mi papá de seguro se le olvido que son vacaciones y viene a despertarme.
Efectivamente aquí está, el mejor papá del mundo.
Es verdad! Hoy es mi primer día en Hogwarts… se me olvido por completo.
Tan lento pasa el tiempo para mí, que un día ó un mes no tiene diferencia alguna.
Pero está vez tengo fe en que las cosas cambiarán.
Después de desayunar rápidamente, mi papá me ha llevado a la estación de King Cross para tomar el tren que me conducirá a un nuevo mundo.
Un mundo donde hay gente como yo, que posee magia en su interior, que no teme a aquello que es diferente por el simple hecho de que ellos lo ven como algo normal.
Toda mi vida he estado encasillada con el sobrenombre de “Lunática”… soy tan rara para los muggles.
La gente me mira como si fuera a hacer que su cabeza explotara con solo mirarlos.
No es mi culpa que, sin poder controlarlo, de vez en cuando hechicé a alguien.
Juró que no lo hago a propósito, más bien es como si mi mente solo por pensarlo lo hiciera.
De cualquier manera ya no importa, no seré de nuevo Lunática Lovegood, está vez las cosas cambiarán… estoy segura.
He tomado asiento en el famoso Expreso de Hogwarts.
Estoy muy entusiasmada, se que muchas cosas buenas me aguardan.
Sacó un ejemplar del Quisquilloso, mi padre es el editor y estoy muy orgullosa de él.
Voy a tratar de resolver el crucigrama para entretenerme un rato.
Unas chicas entran en el vagón.
-Miren aquí podemos sentarnos.- dice una de ellas y se pasa sin si quiera saludar.
Las otras 2 la siguen.
-Eh? El Quisquilloso?.- dice una de ellas observando la revista.
-Que horror! Como puede leer algo así?.-dice la chica que entró primero.
-Hey que no sabes que es una revista de mala reputación?.- dice la última chica, dirigiéndose a mi.
-No lo creo, el editor es mi padre.- con-*test*-('")é mordazmente.
Las tres se quedan mudas de la impresión.
-B-bueno… pero…estarás de acuerdo en que es una publicación mas bien… humorística no?.- dice la chica.
-No, no lo creo así, mi padre sabe por que escoge los artículos y sinceramente no creo que sea para causar diversión, si no para revelar la verdad.
-… c-claro… miren ya vi otro compartimiento, vamos.- dice la chica saliendo precipitadamente, mientras sus amigas la siguen.
…. Vaya sorpresa, no importa, no son las únicas en todo Hogwarts.
Después del incidente decidí ponerme a leer la revista.
Sin embargo uno minutos después, sentí la mirada de chicos y chicas que pasaban mirando despistadamente, según ellos, el compartimiento donde me encontraba.
Yo seguía tranquila, esos de las miradas de curiosidad ya lo había experimentado antes, el que lo hicieran ahora no cambiaba nada.
De nuevo alguien entró a mi vagón.
Un chico con anteojos y cabellera rubia.
-¿Así que tu padre es el editor del Quisquilloso verdad?.- dice él, sin rodeos.
-Si, es verdad.- con-*test*-('")é con absoluta calma.
-Mi padre tuvo que aguantar las burlas de sus compañeros por una estúpida publicación que hicieron en esa revista.
Al parece él espera que me disculpe, pero no tengo por que hacerlo, como ya dije mi papá sabe lo que hace.
-¿No piensas decir nada?
De nuevo me dispongo a leer la revista.
-¿Con que te crees mucho eh?
El muchacho avanza hacia mi maleta y antes de que pueda hacer algo lo escuchó decir:
-Alohomora!
Y en tan solo un segundo, todas mis cosas se encuentran regadas en el suelo del compartimiento.
- Para que aprendas a escuchar…. Accio revista!
La revista que se encontraba antes en mis manos, sale volando hacia él.
-Y esta porquería regresara al lugar de donde vino.
Veo como se aleja con el ejemplar y pronunciando otro hechizo, la revista comienza a arder, quedando solo cenizas.
….que tonta eres Luna… que tonta eres Lunática.
Cambiar de un lugar a otro, incluso de un mundo a otro no cambia nada.
Seguirás siendo la loca, la rara, la extraña, la sola.
Intentando contener mis lágrimas, empecé a recoger mis cosas.
Ya debería haberme acostumbrado, tal vez no estoy destinada a tener amigos.
Escuchó como se abre de nuevo la puerta del compartimiento.
Ha de ser otra chico que viene a reclamar o a burlarse de mi… me da igual, si quiere reírse, si quiere molestarme o quitarme mis cosas no es ninguna novedad.
-¿Pero que paso aquí?.- escuchó que pregunta alguien… me parece que es la voz de una chica.
Sin levantar la mirada con-*test*-('")o:
-Nada… se cayeron mis cosas eso es todo.
- Pero vaya que se cayeron! Hasta parece que paso un huracán.
A pesar de mi estado de ánimo, su comentario logra hacerme sonreír.
-Te ayudo.- dice ella y se agacha para recoger mi túnica.
Ahora la observó, se nota a simple vista que es diferente a los demás.
Tiene una larga melena pelirroja y unos ojos marrones que reflejan valor al solo mirarlos… valor y amabilidad.
-Bien creo que es todo.- dice ella, ahora que hemos terminado de levantar todo.
-Si… gracias.- respondo con mi estado de ánimo más alegre.
-De nada, ¿te puedo pedir un favor a cambio?
Sorprendida por su comentario, pero sin tener tiempo de reaccionar ella me pregunta:
-¿Puedo quedarme aquí por un rato?
-Claro.- con-*test*-('")o aliviada por mi falsa sospecha.
-Gracias.- dice ella sonriéndome – Me llamo Ginny Weasley y tu?
-Luna Lovegood
-Tienes un nombre peculiar… que divertido.- dice ella sonriendo nuevamente.
Después de la breve presentación, ella comenzó a contarme acerca de su familia.
Yo la escuchaba atentamente imaginándome cada detalle, y a cada persona que ella mencionaba.
Era muy agradable estar con ella ahí, platicando tranquilamente.
Ella me trataba como una persona normal, como una amiga.
De repente el tren empezó a bajar su velocidad.
-Ya vamos a llegar, será mejor que me cambie y tú también, luego nos vemos.- dice ella alegremente, saliendo del compartimiento.
Mientras me cambiaba, pensaba en aquella chica. Ginny. Giynny Weasley.
Estaba radiante de felicidad, por fin había tenido una conversación amena con alguien que no fuera mi papá.
Y así, llena de renovada fe, salí del compartimiento.
Dispuesta a conocer gente, dispuesta a tener fe que no toda la gente es igual, dispuesta a disfrutar de este nuevo mundo.
Dispuesta a , por que no, llegar a tener amigos… amigos de verdad.
Con este pensamiento en mi mente me monte en el pequeño bote, mientras vislumbraba a lo lejos el enorme castillo.
En donde, sin saberlo aún, encontraría la luz que siempre había estado buscando.
Encontraría verdaderos amigos.
FIN
XDu no se q tal este, escribo mucho pero no lo publico xq siempre son historias largas q NO TERMINO =P